miércoles, 31 de agosto de 2011

Era un sábado del mes de agosto, no muy lejano, un día del verano, cuando el Museo abría sus puertas y se preparaba para recibir a los visitantes oriundos y foráneos, nacidos y emigrados, que en Baños se encuentran y reencuentran en el más solazante de los tiempos: las vacaciones.
Una mujer y su familia entran en el Museo y se preparan para la visita; poco a poco sus miradas iban desvelando las historias de  los objetos y las imágenes, y la mujer, hablando con voz cariñosa nos relata una historia menuda, antes de subir a la sala de la Serranía...
 Ella cuenta que nació en Baños, y aunque ya no vive aquí, viene siempre que puede, no falta a la cita con su pueblo. Paseando por las salas, sus ojos se agrandan y se fijan en lo lo que tal vez no se imaginaba volver a ver. Nos cuenta que vivió su niñez en un chozo, en una torruca, allá en las tierras llamadas de El Quinto.  Recuerda que su chozo tenía tres camastros: el de su padre, el de su madre, y el de ella, y allí se apañaban.  Su padre hacía carbón, y también sacaba la leña del monte. Su madre, cuando se moría un toro, aprovechaba la carne, pero a veces era tanta la cantidad, que tenía que conservarla en sal y la tendía como la ropa, luego la desalaba y...-"¡qué rica estaba esa carne!, y cuando pasaban los arrieros, me decían: ¡uuy, cuántos calcetines tiene tu madre!, y se arrimaban, ¡vaya que si se arrimaban!, para probar la carne ¡claro!"-      Al cumplir los once años, su madre la envió a Madrid, con su tía.
Cuando vio la torruca, su chozo allí en la sala, se acordó de toda su niñez, con emoción incontenible.
Gracias a Juana Zamora Pérez, hija de Antonio Zamora Espinosa y Juana Francisca Pérez.
Torruca/Sala de la Serranía de Baños.
Los objetos cuentan su historia: este particular tesoro inmaterial forma parte del Museo.
18 Mayo Día Internacional de los Museos

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